De la puerta para afuera

 Era el primer trabajo de Micaela. Vendía tarjetas de crédito, promedio de tres ventas al día. Hasta ahora, todo "normal". O no tanto. "Cuando pasaban 2 horas y no vendías ya empezaban los gritos, el maltrato, te sacaban de línea y te empezaban a retar, a amenazar con la comisión", cuenta la protagonista. La bendita comisión, a la que si se llega sos el Dios supremo del marketing y si no, basura descartable. Ella sufrió como muchxs -por no decir todxs- la presión de ser un número o no ser. Y no hay mejor ejemplo para esto último, que la respuesta a nuestras situaciones personales. "Mi tia tenía cáncer -cuenta Micaela-, venía con un tratamiento. Falleció. Yo no me pedi ni el día, fui igual, con un nudo en la garganta. Se notaban mis pocas ganas, me sacaron de línea y conté mi problema, a lo que respondieron“los problemas de la puerta para afuera “. Así, sin ni un gramo de compasión". Pues claro, porque pocos puestos más deshumanizados que el de operador telefónico. Estamos ahí sentadxs, cumpliendo como máquinas los roles que nos son asignados, y cuando a algunx se le ocurre sentir, padecer o mostrarse en necesidad, la respuesta es el desentendimiento completo, porque son "cosas de unx", y "unx tiene que cumplir, despues resolverá. Afuera, no acá. Acá se viene a cumplir". Es claro que no nos extraña la frialdad del empleador en ningún caso. De hecha hablamos de los reiterados problemas con licencias de cualquier tipo. Sobre ello, Micaela aporta: "No me dieron NUNCA -sic- un día de estudio. Que es totalmente legal, algo que en la entrevisa estaba pactado". Punto a destacar y que probablemente tocaremos en futuros testimonios: prometer en la entrevista de trabajo algo que se incumple en la vida laboral. Es lisa y llanamente aprovecharse de la necesidad del laburante, jugar con su tiempo, su plata y su hambre.
 Y como si no fuera poco que nuestro jefe nos explote, también el cliente se aprovecha de nuestra vulenarbilidad. Micaela dice: "Ni que hablar las guasadas, puteadas y amenazas de los clientes. Desde un “esa voz me excita que te cogería”, hasta “hija de mil puta, no lllames mas”. Es cierto que los clientes sufren y proyectan en nostrxs, como se ha dicho, la desidia empresaria. Pero también algunos se aprovechan asquerosamente de la doble explotación de la mujer trabajadora.

Sigamos visibilizando, que de tanto ser números, deberán sumarnos.

Que tenga un buen día, señora 

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