El sindicato, ¿te ampara?

 Mauro trabajó para Telecom 5 años, entre los 19 y los 24. Nuestro compañero tuvo una buena estadía, sin embargo sabe empatizar con sus pares padecientes: "Sinceramente, teníamos un muy buen ambiente de laburo, la supervisión era muy grosa, y nos cuidaban mucho más que lo que he visto ahora de más grande. Empecé a los 19 y hoy tengo algunos call centers de clientes en los que los pibes estan desmotivados y, en general, cagados de que los rajen, cuando no directamente maltratados". Muchas veces nos llevamos un buen ambiente de laburo, y buenxs compañerxs, más allá de la vorágine y la poca contención en tareas diarias, y muchas otras veces, padecemos un día a día paupérrimo, lo cual se suma a esto último, como si no fuera suficiente.
 Este operador nos trae a colación un tema importante: la función gremial.  En particular, refiriéndose al sindicato. Nuestrxs queridxs -algo irónico, sí- delegadxs y lo que hacen, o no, por defender nuestros derechos. En este caso, como en la gran mayoría, elegían ponerse la camiseta de la patronal: "Lo que tal vez mas me marcó fue aprender a lidiar con la gente del gremio. A esa edad, creía que eran todos copados y que estaban para ayudar y defendernos del monstruo, pero pasando los años, me quedé con la sensación de que era un monstruo de dos cabezazas: una, obviamente la telco -hablando de Telecom en este caso- y la otra, gente que venía con promesas de jornada completa (fui part time mucho tiempo), o presiones para firmar un juicio por regalías (que perdimos y hoy aun estoy garpando)". Merece varios capítulos aparte la cantidad de batallas legales con las que debemos lidiar, muchas veces durante años, contra estos monstruos explotadores. Pero volviendo al tema, es por experiencia directa que depositamos cada vez menos confianza en quienes deberían representarnos. "Cuando tenían que abrirse de gambas, arreglaban cualquier gilada y tiraban la bocha siempre al otro lado", dice Mauro, graficando brevemente el desencanto que sufrimos quienes vemos cómo diariamente lxs encargadxs de tomar medidas y ejercer presión por inclinar la balanza para nuestro lado, reposan en las imposiciones del patrón, y muchas veces las disfrazan de supuestos beneficios. Las y los laburantes no nos comemos ese cuento.
 En lo personal, siempre aprovecho para discutir el hecho de tener delegadxs que no son trabajadorxs del call center. ¿Cómo podrán enteder de buena fe acaso que protestamos porque nos controlan los segundos para ir al baño, si vienen dos veces por semana a la empresa a tomar mate o cobrar la cuota, y cuando tienen que exigir, esperan expectantes a que se ilumine la buena voluntad del empleador? Se genera un microclima de falsa -o no tanto- lucha de clases, o de intereses, que termina agotándonos. Todo queda desdibujado en lo que se traduce como nada más que la explotación en sí misma. No busco condenar a todx delegadx, pero con el correr de los testimonios quizás encontremos ejemplos que clarifiquen lo que parece ser común en nuestras vivencias.
Sigamos sumando(nos), tomemos posición. Y veredas concretas.

Gracias por comunicarse con este blog.

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