Diego tenía 28 años cuando se le ocurrió desobedecer a la empresa en pos de ayudar al cliente. Esta es otra de las condiciones que también hacen a este todo de condena constante y nulo reconocimiento que vivimos en los call centers.
Nos cuenta el compañero que "una abuela llamó porque le cambiaban a cada rato el plan, el tema es que le decian que le iban a volver a poner el plan anterior y hacerle un ajuste por lo que pagaba de más: nunca le hicieron y cada día pagaba mucho a tal punto de no poder pagar la factura, y le cortaban el servicio". Nosotrxs, cuando pedimos "disculpas en nombre de la empresa" y le decimos al cliente que "entendemos" la situación, si bien tenemos la paciencia ya podrida, realmente lo sentimos. Porque sabemos que la persona del otro lado de la línea es una persona a la que cuesta tanto ganar el mango como a nosotros, y las curradas de la patronal nos dan tanta rabia como a ellxs. Diego decidió ponerse del lado correcto. "Entonces agarré y me fijé desde cuándo sufría ese atropello y le hice el ajuste, eran varios meses y superaba mi límite sin embargo se lo hice. Le cambié el plan y le reestablecí la línea", dice nuestro protagonista, prácticamente anticipándonos lo que se viene. "Justo esa llamada me la grabaron. La señora quedó contenta porque por fin alguien le solucionó su problema y quería hablar con mi supervisora para felicitarme. La cosa que a la semana me llama mi supervisora para hacerme escuchar la llamada". Stay tuned, porque viene lo mejor. Figuren el sarcasmo de eso último. "Y me puteó, porque no debía haber hecho lo que hice. Le expliqué el tema, mas alla de que ella sabía por escuchar la llamada, y bueno, todo terminó mal". Porque claro, cómo te vas a salir del casette porque una señora que pelea cada peso para pagarse los remedios necesita de tu ayuda. Te sacaste la camiseta de la empresa, te sacudiste el número tatuado en la nuca y fuiste persona. Eso no sirve. Cualquier rastro de humanidad que se salga de lo que el patrón considera "aceptable" -traducido en "rentable"- es motivo de castigo, incluso si el conflicto que tiene fue generado por su propia ineficiencia y avaricia. "Para mí era una potencial clienta que se iba a cambiar de empresa y yo la contuve solucionándole el problema, pero para la empresa yo procedí mal . En fin, La Patria es el Otro, y los intereses de la gente común estan por encima de los de una multinacional, al mes renuncié". Diego pudo optar por abandonar el puesto porque sus condiciones económicas al momento así lo permitían, pero muchxs de los que hoy vivimos estos destratos no contamos con esa posibilidad. Día tras día usamos lo poco que tenemos a nuestro alcance para intentar solucionar lo que genera estrés y resta en el complicado ritmo de vida que lleva vivir en nuestro país, pero cuando ese "poco" se vuelven un margen que perjudica en lo que para la empresa son dos centavos de pérdida casi literalmente, somos culpables. Culpables de ser humanxs, de empatizar, de ser personas. De apagar la batería, ponerle pausa al "disquito", como nos dicen siempre, y solucionar.
Sé eficiente, pero como a mí me conviene. Sé productivx, pero sin joderme el bosillo. Sé amable, pero no te involucres. Suspendé la humanidad, dejala en casa, no llegues tarde.
Nos cuenta el compañero que "una abuela llamó porque le cambiaban a cada rato el plan, el tema es que le decian que le iban a volver a poner el plan anterior y hacerle un ajuste por lo que pagaba de más: nunca le hicieron y cada día pagaba mucho a tal punto de no poder pagar la factura, y le cortaban el servicio". Nosotrxs, cuando pedimos "disculpas en nombre de la empresa" y le decimos al cliente que "entendemos" la situación, si bien tenemos la paciencia ya podrida, realmente lo sentimos. Porque sabemos que la persona del otro lado de la línea es una persona a la que cuesta tanto ganar el mango como a nosotros, y las curradas de la patronal nos dan tanta rabia como a ellxs. Diego decidió ponerse del lado correcto. "Entonces agarré y me fijé desde cuándo sufría ese atropello y le hice el ajuste, eran varios meses y superaba mi límite sin embargo se lo hice. Le cambié el plan y le reestablecí la línea", dice nuestro protagonista, prácticamente anticipándonos lo que se viene. "Justo esa llamada me la grabaron. La señora quedó contenta porque por fin alguien le solucionó su problema y quería hablar con mi supervisora para felicitarme. La cosa que a la semana me llama mi supervisora para hacerme escuchar la llamada". Stay tuned, porque viene lo mejor. Figuren el sarcasmo de eso último. "Y me puteó, porque no debía haber hecho lo que hice. Le expliqué el tema, mas alla de que ella sabía por escuchar la llamada, y bueno, todo terminó mal". Porque claro, cómo te vas a salir del casette porque una señora que pelea cada peso para pagarse los remedios necesita de tu ayuda. Te sacaste la camiseta de la empresa, te sacudiste el número tatuado en la nuca y fuiste persona. Eso no sirve. Cualquier rastro de humanidad que se salga de lo que el patrón considera "aceptable" -traducido en "rentable"- es motivo de castigo, incluso si el conflicto que tiene fue generado por su propia ineficiencia y avaricia. "Para mí era una potencial clienta que se iba a cambiar de empresa y yo la contuve solucionándole el problema, pero para la empresa yo procedí mal . En fin, La Patria es el Otro, y los intereses de la gente común estan por encima de los de una multinacional, al mes renuncié". Diego pudo optar por abandonar el puesto porque sus condiciones económicas al momento así lo permitían, pero muchxs de los que hoy vivimos estos destratos no contamos con esa posibilidad. Día tras día usamos lo poco que tenemos a nuestro alcance para intentar solucionar lo que genera estrés y resta en el complicado ritmo de vida que lleva vivir en nuestro país, pero cuando ese "poco" se vuelven un margen que perjudica en lo que para la empresa son dos centavos de pérdida casi literalmente, somos culpables. Culpables de ser humanxs, de empatizar, de ser personas. De apagar la batería, ponerle pausa al "disquito", como nos dicen siempre, y solucionar.
Sé eficiente, pero como a mí me conviene. Sé productivx, pero sin joderme el bosillo. Sé amable, pero no te involucres. Suspendé la humanidad, dejala en casa, no llegues tarde.
Todxs nuestros operadorxs están ocupadxs siendo robots. Aguarde y será atendido.
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