Rodrigo tenía 20 años y solo expectativas para su primer trabajo. Lo que él no sabía es que todo era una ficción más impostada que El padrino 2. "Trabajaba en call center para España hace unos años. Nos hacían pedir donaciones para una fundación de un tipo conocido de
allá (nos explicaron que era como el Tinelli de España). Obviamente, la
fundación era bolaso y una estafa, básicamente le sacaban plata a la
gente", nos cuenta. Y no solo le robaban la plata a sus consumidores, sino también, el tiempo y la dignindad a los empleados. Dice Rodrigo que "lo peor de todo es que no te dejaban ni ir al baño en 6 hs de laburo". La cuestión del uso de auxiliares, que para los que no están en tema son los tiempos muertos que tiene unx operadorx, los tiempos en los que descansa y no habla, genera conflicto y se traduce en definitiva, en tiempo inútil para el empleador, implicando una pérdida tanto monetaria como productiva. En resumidas cuentas, por ejercer nuestros derechos y reconocerlos como tales, el patrón nos condena. Porque espera, revolcándose en su propia codicia, que olvidemos lo que podemos para hacer solo lo que debemos. Es decir, todo aquello que le genere ganancia, todo lo que sea rentable, todo lo que impulse sus engranajes de explotación.
Ya hablamos aquí de prometer en la entrevista lo que no se cumple en los papeles. Aquí nos cuenta el compañero que el puesto "supuestamente era en blanco en el sentido de que cobrabas por banco. Ahora, si había aportes y eso, nada, se hicieron los boludos". Vamos pudiendo apreciar en contexto cómo varios patrones de negreo se repiten de manera consistente.
Y para colmo de esta experiencia, luego de toda la estafa organizada -legal o ilegal- Rodrigo cuenta que se borraron sin dar una mísera explicación, ni siquiera un aviso, tanto a explotados como a estafados. "Sé que se fueron de acá dejando un tendal de despedidos en bolas, fueron un día a laburar y ya no estaba más la empresa", declara el protagonista, y pienso en esas familias activando el trajín de la mañana entre desayuno y guardapolvos, solo para un par de horas después encontrar un cartel de "cierra sus puertas" que convierte toda su vida en ruinas. Quizás sea un golpe bajo ese retrato, pero viene siendo una necesidad traerlo al presente si pensamos en las realidades que nos vienen golpeando desde hace ya tiempo en Argentina.
Vamos, compañerxs, hay que poner un poco más de vincha. Los huevos para la puerta de Recursos Humanos.
Ya hablamos aquí de prometer en la entrevista lo que no se cumple en los papeles. Aquí nos cuenta el compañero que el puesto "supuestamente era en blanco en el sentido de que cobrabas por banco. Ahora, si había aportes y eso, nada, se hicieron los boludos". Vamos pudiendo apreciar en contexto cómo varios patrones de negreo se repiten de manera consistente.
Y para colmo de esta experiencia, luego de toda la estafa organizada -legal o ilegal- Rodrigo cuenta que se borraron sin dar una mísera explicación, ni siquiera un aviso, tanto a explotados como a estafados. "Sé que se fueron de acá dejando un tendal de despedidos en bolas, fueron un día a laburar y ya no estaba más la empresa", declara el protagonista, y pienso en esas familias activando el trajín de la mañana entre desayuno y guardapolvos, solo para un par de horas después encontrar un cartel de "cierra sus puertas" que convierte toda su vida en ruinas. Quizás sea un golpe bajo ese retrato, pero viene siendo una necesidad traerlo al presente si pensamos en las realidades que nos vienen golpeando desde hace ya tiempo en Argentina.
Vamos, compañerxs, hay que poner un poco más de vincha. Los huevos para la puerta de Recursos Humanos.
Que tenga un buen día.
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