Tres pruebas concretas

Pablo salía de su casa con tantas ganas de ganarse el mango como cualquiera de nosotrxs, pero le tocó Sprayette, y esas ganas se esfumaron. "Tengo miles -hablando de experiencias en call- pero hay tres que me marcaron", cuenta. "Yo laburaba en outband, llamaba a los que habían llamado y no compraron nada. Me dieron la cuenta de las parrillas de George Foreman con el obetjvo de vender tres por día. La primer semana vendí cinco cada dia. La segunda igual. La tercera me sacaron de ahí y a fin de mes mi supervisor me habia cagado diez ventas, que las hizo pasar como suyas". Más allá de que seguramente a todxs nos ha tocado sufrir compañerxs y superiores garcas, la empresa fomenta desde su "visión" de mercado la competencia desleal y constante entre sus empleadxs. Sí él vendió seis, vos tenés que vender veinte, sino él es mejor que vos, vale más, como empleado y como persona. "La segunda, sigue, todos los días a las dos en punto el sistema me tiraba un teléfono de Misiones. Me atendía un viejo a las puteadas diciéndome que le habían mandado una juguera de juguete y que ya había pedido que lo saquen de la base". Claro que esto jamás lo respetan porque cualquier persona en la galaxia que tenga el mínimo poder adquisitivo será un potencial cliente, quiera o no. Además, una vez más observamos la negligencia de la empresa que intentamos remendar nosotrxs sin éxito. "Un día me puteó tan sacado que pensé que se moría ahí de los nervios". Estrés de los dos lados, el ambiente constante y general de llamada.
 Y aquí señalaremos en lo que merece un párrafo aparte, uno de los tantos casos donde las mujeres vemos comprometida nuestra integridad con la total impunidad que la empresa garantiza con tal de no hacerse de un hueco legal. "La última fue cuando un capo de Brasil vino a ver el Call y le tocó el culo a una piba embarazada. La mina fue a quejarse a RRHH y le dijeron que no diga nada. La piba lloraba porque era soltera y no podia perder el laburo. Ese dia le tiré la bronca por el tema a mi supervisor y me dijo que me calle la boca y agradezca que no me echaba porque le daba pena mi pasado (en referencia a que soy sobreviviente de Cromañón)". Esta es la respuesta de la patronal ante cientos y cientos de casos diarios de acoso en los lugares de trabajo. Mientras más asciende en cargo o importancia el acosador, mayor es el manto de complicidad que le tejen. Y para colmo, un perejil dos escalones más arriba que Pablo, le dice que se calle, igual que le dijeron a su compañera, y que da lástima. Lástima, por querer defender a una colega de un macho de mierda. El destrato es vomitivo. "Lo mandé a la mierda y renuncié", sentencia nuestro protagonista, coronando la experiencia con lo que muchxs quisiéramos hacer al final del día, desde que abrimos los ojos por la mañana hasta que los cerramos por la noche.
Competencia sucia, incompetencia empresaria y machismo son sólo algunas de las piletas de angustia en las que tenemos que nadar diaramente para poder cumplir, siendo más responsables en todo aspecto que que el garca para el que trabajamos, con la difícil tarea de sobrevivir al trabajo. Pruebas concretas de que no importamos nada. Solo para empezar en mes con dos pesos en la cuenta bancaria, estresados, enfermos y llenos de ira y desolación.

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