Seguiré usando lenguaje inclusivo y si te importa más eso que conocer nuestras experiencias, entonces sos unx forrx de recontra mierda. Comencemos.
LB, madre soltera de un nene de 4 años, sigue sufiriendo el destrato y el ninguneo de los call center, esta vez en un rubro harto explotador: Cobranzas. "La falta de respeto, la mala onda de los Team o supervisores que se creen dueños de todo, que te roben los pagos, los casos, que hablen mal de uno. La competencias que generan", relata. Este ambiente de pisar cabezas y ser mejor para ser lo vemos repetido en todos los rubros. Es lo que quiere la patronal, enemistarnos y que nos concentremos en lo que nos corresponde. "Me gané en un trabajo un día libre y una compañera no quería que me lo den. La misma festejó mi despido. Todo porque la superaba", relata LB. El patrón busca eso, liquidar hasta el último vestigio de conciencia de clase en nosotrxs para no reconocer nuestra propia explotación. Vivir y atender alienadxs, egoístas y sumisxs. Siguiendo en la línea de competir a cualquier costo, nuestra protagonista nos trae un claro ejemplo: "En el último que renuncié me sacaron un pago de $21 mil por ser nueva y una vieja lo necesitaba para comisionar". Las preferencias y el amiguismo también son algo muy frecuente en los call center, que lo único que hacen es generar esta envidia constante, la que construye de a poco la alienación que mencionábamos. Esto se da en todos los sectores, obviamente: "La jefa de rrhh a mí me odiaba, incluso cuando mi hijo se intoxicó con un medicamento me dijo "jodete, es tú culpa". Todo lo que ocurre es nuestra responsabilidad. Trabajamos y producimos para un ente mágico que se abstiene de ampararnos en absoluto.
Y continuando también un poco con la traición de supervisorxs que la pintan de amigxs y solidarixs con su subordinadx pero en realidad tienen tatuada la camiseta de la empresa, relata JB: "Mi supervisora sabiendo que estaba enferma y que iba igual me dijo que no me iba a despedir, ese mismo día pidió mi baja".
La alienación, además de convertirnos en robots apáticos, nos genera consecuencias muy graves en la salud. "Yo sigo medicada de vez en cuando. La tomo espaciada, el año pasado caí en depresión mal con ataques de pánico y agorafobia". Compañerxs con licencia psiquiátrica es moneda corriente en nuestros lugares de trabajo. Con migraña, cefalea, insomnio, problemas en la columna, en la vista, en las cuerdas vocales. Y un largo etcétera.
Y como este relato es en tiempo real, por así decirlo, aquí les traigo el peor final de la experiencia de JB. Cuando envió su testimonio, contaba: "Estoy en uno que ya me dijeron que es mi última semana, me hicieron gestionar la cartera que solo le correspondía a la supervisora. No recaudé casi de la mía y me echan igual". Que nos den trabajo que no nos corresponde también es un plus en este ambiente de explotación diaria, solo para devolvernos más explotación, y hasta el despido si es lo que les conviene. Nadie nos regula o ampara, nuestros sindicatos -generalmente Comercio, la peor lacra- brillan por su ausencia. Días después, esta madre cuenta angustiada: "Me acaban de desvincular por teléfono. Me pusieron que estoy hace menos de un mes y ya llevo 2 meses ahí. No puedo demostrar nada porque todo lo tienen ellos. Así que nuevamente en la calle y con un hijo". Somos un número en el legajo, una molestia, títeres, círculos negro que joden en el medio de la hoja, un gasto, eternxs esclavxs de su conveniencia, un pedazo de nada. Pero estando juntxs somos algo, tenemos voz y la vamos a usar para más que sólo decir "buenos días, mi nombre es...".
LB, madre soltera de un nene de 4 años, sigue sufiriendo el destrato y el ninguneo de los call center, esta vez en un rubro harto explotador: Cobranzas. "La falta de respeto, la mala onda de los Team o supervisores que se creen dueños de todo, que te roben los pagos, los casos, que hablen mal de uno. La competencias que generan", relata. Este ambiente de pisar cabezas y ser mejor para ser lo vemos repetido en todos los rubros. Es lo que quiere la patronal, enemistarnos y que nos concentremos en lo que nos corresponde. "Me gané en un trabajo un día libre y una compañera no quería que me lo den. La misma festejó mi despido. Todo porque la superaba", relata LB. El patrón busca eso, liquidar hasta el último vestigio de conciencia de clase en nosotrxs para no reconocer nuestra propia explotación. Vivir y atender alienadxs, egoístas y sumisxs. Siguiendo en la línea de competir a cualquier costo, nuestra protagonista nos trae un claro ejemplo: "En el último que renuncié me sacaron un pago de $21 mil por ser nueva y una vieja lo necesitaba para comisionar". Las preferencias y el amiguismo también son algo muy frecuente en los call center, que lo único que hacen es generar esta envidia constante, la que construye de a poco la alienación que mencionábamos. Esto se da en todos los sectores, obviamente: "La jefa de rrhh a mí me odiaba, incluso cuando mi hijo se intoxicó con un medicamento me dijo "jodete, es tú culpa". Todo lo que ocurre es nuestra responsabilidad. Trabajamos y producimos para un ente mágico que se abstiene de ampararnos en absoluto.
Y continuando también un poco con la traición de supervisorxs que la pintan de amigxs y solidarixs con su subordinadx pero en realidad tienen tatuada la camiseta de la empresa, relata JB: "Mi supervisora sabiendo que estaba enferma y que iba igual me dijo que no me iba a despedir, ese mismo día pidió mi baja".
La alienación, además de convertirnos en robots apáticos, nos genera consecuencias muy graves en la salud. "Yo sigo medicada de vez en cuando. La tomo espaciada, el año pasado caí en depresión mal con ataques de pánico y agorafobia". Compañerxs con licencia psiquiátrica es moneda corriente en nuestros lugares de trabajo. Con migraña, cefalea, insomnio, problemas en la columna, en la vista, en las cuerdas vocales. Y un largo etcétera.
Y como este relato es en tiempo real, por así decirlo, aquí les traigo el peor final de la experiencia de JB. Cuando envió su testimonio, contaba: "Estoy en uno que ya me dijeron que es mi última semana, me hicieron gestionar la cartera que solo le correspondía a la supervisora. No recaudé casi de la mía y me echan igual". Que nos den trabajo que no nos corresponde también es un plus en este ambiente de explotación diaria, solo para devolvernos más explotación, y hasta el despido si es lo que les conviene. Nadie nos regula o ampara, nuestros sindicatos -generalmente Comercio, la peor lacra- brillan por su ausencia. Días después, esta madre cuenta angustiada: "Me acaban de desvincular por teléfono. Me pusieron que estoy hace menos de un mes y ya llevo 2 meses ahí. No puedo demostrar nada porque todo lo tienen ellos. Así que nuevamente en la calle y con un hijo". Somos un número en el legajo, una molestia, títeres, círculos negro que joden en el medio de la hoja, un gasto, eternxs esclavxs de su conveniencia, un pedazo de nada. Pero estando juntxs somos algo, tenemos voz y la vamos a usar para más que sólo decir "buenos días, mi nombre es...".
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