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M tiene 20 años y su primera experiencia en el rubro fue a los 18 para Personal. "Me pusieron en la parte de venta de teléfonos y de abonos. Primero que nada, solo dure 2 meses porque no aguante la presión que tenía atrás de los teams para vender, el griterio de contaste de ¡VENDAN, GUARDEN LOS CELULARES, NO HABLEN, VENDAN!", nos relata. Nada es más importante que facturarle al patrón y quedarse con las migajas. Y lo peor de todo es que la mayoría de las veces vendemos "pendorchos" diría mi vieja, que no sabemos si son buenos o malos, o si realmente tienen algún beneficio. "Imaginate, seis horas presionada para vender algo que no sabía ni que era, ni si era bueno, ni si era legal todo lo que me obligan a decir en el speech". Ojalá tengamos oportunidad más adelante de ver con más detalles cómo construyen las empresas el famoso speech, y qué funciones cumple en los distintos rubros. Pero lo cierto sobre estos, es que los soretes que tenemos de patrones en el sector de Ventas suelen dirigir más que bien la atención de dicho speech a determinado público, más "ignorante" según ellxs, o menos informado/asesorado. "Obligar, más que vender, a personas de provincia (generalmente) que no tenían ni la posibilidad de cargar más de $100 por mes al teléfono.
Eso era con los abonos, y con los teléfonos peor. Era vender celulares viejos a precios altísimos, obviamente, ofreciendo cosas que otras empresas o compañías no tenían (ésta tampoco)". Estafar? Sí. Estafar fácil? Doblemente sí. "Puede soportar dos meses y luego renuncié", concluye M. Pero como muchxs de nosotrxs sabemos, el rubro del call center suele ser bastante cíclico, porque básicamente nadie quiere trabajar en él, entonces tenemos algo de experiencia y ya nos llaman. "A los dos meses, por necesidad y porque en el resto de los rubros piden muchas cosas específicas, además de experencia que yo no tenía, volví a quedar en un call Center pero de cobranzas esta vez para el Banco Santander Río". Los bancos, uno de los principales tercerizadores de servicio, abarata costos al máximo porque poner empleadxs en planta permanente implica una inversión muy alta que no están dispuestos a afrontar. "Hacía el trabajo del banco pero me pagaban un tercio de lo que cobran ellos, al igual que no tendría las mismas condiciones laborales", declara nuestra protagonista sintetizando lo que es la flexibilización laboral a grandes rasgos. "Duré 13 meses allí, no me desagradaba pero tampoco era un lujo. Si bien el ambiente, gracias a mis compañeros, era llevadero, el trato con los supervisores tal vez no tanto, ellos siempre sentados, tomando mates, hablando entre ellos y mirando páginas de MercadoLibre. Si bien, por un lado estaba bueno que no nos persiguieran por los pasillos, un poco de bronca daba, obvio". Es muy común que lxs supervisorxs trabajen menos que lxs operadorxs, lo cual no nos enojaría -asumiendo tristemente el escalón de jerarquías- si no fuera porque en muchas oportunidades estamos solxs, no encontramos respuesta a nuestras inquietudes de la mejor manera, y otras tantas directamente no hay respuesta alguna. El "arreglate solx, esto ya lo tenés que saber", el desentenderse de nuestros asusntos, es moneda corriente. Lo cual también, y en mayor parte, es responsabilidad de una empresa que no se ocupa de trabajar relaciones laborales más equitativas y fructíferas.
"Mí renuncia en este caso de debió a que tuve un problema de salud, por lo cual me tuve que ausentar 5 días. De 13 meses, eran mis primeras faltas, y se debían a un problema de salud. Cuando retomé, empezaron a hablarme de mala gana, diciendo que me fui de vacaciones, amenanzándome con cambiarme de puesto, negándome el cambio de horario que había solicitado hace meses, ya que, obviamente, solo pasaban los chupamedias, por así decirlo". Aquí M retrata muy crudamente cómo por un lado, el régimen de premios y castigos está delimitado en base al criterio negrero del empleador,  y por el otro, el hostigamiento laboral que sufrimos por faltar, lo que se traduce en pérdida, en ceros a la izquierda, en una falta de respeto, del respeto que jamás nos tienen y ni nos reconocen. El acoso se vuelve sistemático en estos casos: "Luego de eso comenzaron a llamarme la atención por cualquier cosa, ya sea por no decir mí apellido en la llamada, por no mandar un correo electrónico cuando el cliente no atendía, y así . Al final terminaron cambiándome de puesto de un día a otro y bueno, fue la gota que revalso el vaso", sentencia nuestra operadora, visiblemente frustrada por la situación de sufrimiento que le han hecho vivir y que se tradujo en la mera derrota de su paciencia. De esa paciencia que trabajamos tanto que se desgasta, se duerme y finalmente se rompe. "De alguna forma, buscaron cansarme para que yo renunciara y no que tuvieran que echarme y pagarme más. Todos hacen lo mismo al fin y al cabo". Sin duda, querida M, indemnizar sale plata y esa plata está siempre destinada al bolsillo de esta manga de burguesxs olor a bosta, entonces buscan todas las alternativas posibles para arrancarnos de cuajo la tolerancia antes que asumir responsabilidades.
 Todo para ellxs, nada para unx. Así subsiste este sistema podrido.

Que tenga un buen fin de semana, señora. Ha sido un gusto.

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