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Leila tenía 22 años al momento de esta experiencia que detalla crudamente más de lo mismo. El más-de-lo-mism-ismo se repite y se repite, cada vez con contextos más indignantes y repulsivos. "Trabajé un año (2014-2015) para una terciarizada en Martínez que llevaba adelante campañas de Movistar y Claro. El día que fui a firmar contrato me habían comentado que el sueldo era de unos $3500 fijos y en mano más las ventas por comisión (que escalaban de $250 a $400 por venta). En ese entonces entré a una campaña que "funcionaba"(fue el momento de las Portabilidades Numéricas y Claro fue la empresa que más clientes ganó), por ende, prometían que todos los meses uno cobraría entre $6000 y hasta habían quienes llegaban a llevarse $10000 por mes (para ese entonces, era mucho). La cuestión es que ese resguardo de $3500 era una mentira que duró tres meses. De golpe pasamos a cobrar solo las comisiones y ahí fue cuando la cosa empeoró". La mentira en la entrevista -vieja conocida- se alimenta y saca ventaja de la necesidad de laburar. Son dos socios innegables. Y así abrazadas, fomentan la competencia. Modus operandi de todas y cada una de las campañas por objetivos. "Cuando se terminaba el turno de la tarde (en el que estaba) y quedaba algún pendiente para la mañana siguiente, nuestros "compañeros" de la mañana buscaban cerrar ellos las ventas y cobraban lo nuestro". Vender para ser y ser más que el otrx, pasarlx por encima para subsistir, para contentar, para superar expectativas. ¿Las de quién? Las del patrón, obvio.
"Un mes, el decimo mes que llevaba ahí, lo cerré con 35 ventas. Verdaderamente había sido mi mejor mes. Los meses anteriores había tomado muchas licencias por enfermedad (gracias a ese call center ahora tengo muchos problemas en la garganta). Cuando tuve que cobrar me dieron $750, argumentando de que mis ventas habían sido canceladas por varios motivos (después descubrí que las cobró otra persona) y nuevo supervisor de ventas me sugiere cambiar de campaña porque "no servía" para ello. Me pasan a hacer "ajustes de planes" para Movistar". El "no servir" se repite más que nada en Ventas y en Cobranzas, donde quien "cumple" vale, existe como ser humano y como empladx, y quien no, bueno... Mejor suerte en otra vida. La competencia, recuerden. Ser mejor aunque mueras por dentro en el intento, a cualquier costo, de cualquier forma. Pisar cabezas si es necesario, vivir para vender, para ser mejores. Recuerden este punto porque cae como gota de tortura china en nuestras cabezas día tras día, presión tras presión, y es nuestra condena. Que parece eterna e inagotable.
"El onceavo mes ya trabajé con desgano, triste. Había vuelto a tener alergias por los nervios, me quedaba muda de golpe, me escondía para llorar... me la bancaba porque recién me había mudado con mi ex y necesitaba la guita". Aguantar a costas de nuestra salud y llevarnos en andas diariamente es una realidad que nos golpea hasta hacernos sangrar, hasta olvidar realmente por qué lo hacemos y entregarnos a la inercia.
"Un viernes a la tarde cuando nos ibamos, un compañero me encerró en el baño y me besó. Llamé al supervisor porque no estaba presente y me dijo que "no estaba disponible para escuchar boludeces" Este supervisor una vez me trató de trola porque decía que me arreglaba
mucho para ir a trabajar al pedo si nadie nos veía y porque según el
estaba mal que un tipo que no era mi novio me vaya a buscar con el auto
cuando llovía (era mi mejor amigo y me pagaba un remis para salir de ahí
e ir a laburar a la radio). Fue horrible". Leila fue acosada. Habló. Y esa fue su respuesta. De un superior que en vez de contenerla, eligió intimidarla opinando sobre su vida personal, justificando y encubriendo al imbécil. Esta es la respuesta de los lugares de trabajo, de gente cercana muchas veces, de la sociedad en general. "Al lunes siguiente -sigue-, en la semana en la que cumplía un año ahí, me llaman para preguntarme que pasó. Explico, les digo todo lo que venía pasando, les muestro capturas de mensajes internos que me mandaba mi compañero. Me ignoran y dicen que mi capacidad estaba siendo afectada por otras cosas y me mandan a mi cubículo". No hay en el 97% de las empresas, y en el rubro de call center me atrevería a decir el 100%, un protocolo de acción claro, rápido y efectivo para estos casos. Entonces la respuesta no es institicional, sino individual. A criterio de una manga de forrxs que prefieren evitar el bardo porque el involucrado les cae bien o porque sencillamente es más fácil, se evitan un cruce con los de más arriba y todo sigue igual. Todo, menos Leila y su integridad como mujer trabajadora. "Vuelvo resignada, me siento y miro a la pantalla. Le escribo un WhatsApp a mi ex y le digo que me entienda pero tenía que hacerlo. Me levanto, agarro mis cosas y renuncio. Sin más". A veces, lxs compañerxs son la única ducha de esperanza dentro de la mierda en la que te obligan a revolcarte. "Ellos fueron los unicos que me creyeron y bancaron mi relato sobre mi
compañero porque veían como todos los días me denseaba para salir o me
dejaba notitas". Cuestionate, varón, si alguna vez tuviste que renunciar a un trabajo porque una compañera te acosaba, no te dejaba en paz, no entendía que no es no, y hacía de tu realidad laboral, día tras día y de forma insoportable, un verdadero infierno. No sos galán por insistir, si perserverás no vas a triunfar, sólo vas a ser otro macho de mierda más. Cuestionate, varón. Repensate.
Para ir cincluyendo, cierra Leila: "Me quedaron amigues de ese lugar que renunciaron por cansancio, por estrés. En fín, podría seguir pero quiero cortarla acá porque si me acuerdo me pongo del orto. El solo pensar que me afectó físicamente y que mi garganta está dañada por esa mierda me dan ganas de replantearme porque no prendí fuego todo". Lo que todxs deseamos. Ver arder a la institución responsable de embargarnos, en muchas ocasiones, la dignidad en todo campo posible de nuestras vidas. Como a Leila, que no era respetada como mujer, como laburante ni como persona. "Basta de boludeces, a laburar", es siempre la respuesta. La organización de lxs trabajadorxs será entonces la reacción superadora.
¿Cómo lo puedo ayudar, señor?
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