Mierda con olor a rosas

 Ramiro tenía 21 años cuando entró a Sprayette. "Nos capacitaban para vender sus productos. Estuve 2 semanas ya que el clima era horrible. Me acuerdo que estafé a una inocente vieja vendiéndole unas zapas de Jessica Cirio a $9000 (obvio por la presión de mi supervisora)", nos cuenta. Es fundamental para la empresa que el cliente esté convencido de que lo que compra es lo mejor que podrá comprar en su vida, y sobre todo, que la persona que se lo vende demuestre empatía y sensibilidad. Pero Ramiro no soportó todo el teatro. "Me saqué la vincha y renuncié. Nunca mas pisé un call". El sueño de quien los pisamos todos los días. Se han encargado de que nuestras expectativas de crecimiento dentro de la empresa no sean otra más que irnos a la mierda y conseguir otra cosa lo más pronto posible. 
 Cortita y al pie esta experiencia que suma a la presión por vender a cualquier costo, a la mentira como premisa y al ambiente alienante. Que les vaya quedando a todxs lxs que leen, que nos vean, que nos acompañen, que empaticen. Luche y que se escuche.

¿Tiene algún familiar al que le pueda interesar?

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