Picadora de carne y alma

A tuvo su primer trabajo en call en DirecTV. "Lo que mas me marcó fueron varias cosas. Primero, me prometieron estar en blanco a los 3 meses, y recién después de un año me hicieron los papeles y cobré con recibo de sueldo (!)". Punto que ya hemos repetido: sus mentiras. Promesas incumplidas en las entrevistas. Nos mienten a nostrxs y al consumidorx, por supuesto. Sigue A: "Después, me obligaban a mentirle a la gente, en cuanto a promociones, monto y servicio técnico, en pos de vender
Por orden de mi supervisora. Luego, en algún momento, la dueña del call me llamó a reunión, para decirme que deje de mentir, que no quería problemas". Punto común también repetido: criterios ambiguos para trabajar. Un día es así tal manera de proceder y al siguiente puede no ser "tan" así o no serlo en absoluto. "Y yo le dije que hacía lo que se me pedía. Ella contestó: "Bueno, ahora te pido que no mientas más, vas a poder vender igual". Vendía, pero menos, claro". Y vender menos implica el triple de presión, y de esa forma se alimenta calóricamente el círculo vicioso que termina destruyendo nuestra psiquis sin prisa, pausa ni piedad algunas.
 "En algún momento me quisieron poner de team leader, pero me pagaban lo mismo. Les dije que no, que iba mejor vendiendo. Tuve otra reunión con la dueña del call, donde me decía que la orden de "ascenderme" salió de ella, pero mi supervisora la bajó, porque yo llegaba tarde. La dueña me dijo que si yo le aseguraba llegar a horario, ella me promovía igual. Le dije que no, que vivía lejos y no podía asegurarle. Mentira, no iba a laburar más por la misma guita", dice nuestro protagonista, quien se las ingenió para gambetear más negreo. Laburar el doble por la misma plata en otros puestos es también un punto común. Forma parte en cierto modo del multitasking del que ya hemos hablado en testimonios anteriores, pero deriva, digamos, de una forma más "oficial" de explotar. El ascenso es salir de línea. Esa es la recompensa. Insólita y paupérrima recompensa.

 Le pregunto a A por el ambiente laboral y dice: "Y sí, el trato cambiaba siempre dependiendo de las ventas del día. Si no vendía nada en el día, el trato era una mierda. Que boludeaba mucho, que no podía estar sin vender, que era como no haber ido a laburar (!), etc". Vender para ser, season finale. Nos quieren máquinas sin ninguna otra sensación ni necesidad más que cumplir(les).
 "Del último call, a pesar de cumplir con los objetivos, llegar a horario y hasta hacer tareas fuera de mi horario laboral (trabajaba en una empresa que vendía cámaras de seguridad, y si algún cliente pedía un relevamiento del lugar, había que ir. Se cobraba, pero se iba fuera de horario), y aún teniendo apoyo de mi supervisor, el dueño decidió rajarme a los 3 meses por haber faltado dos días". Hablando nuevamente de premios y castigos, los reconocimientos no son en absoluto algo a lo que lxs operadorxs estemos acostumbradxs, de hecho, todo lo contrario. No sabemos qué es. Es un primo lejano del que alguna vez nos hablaron pero no tenemos idea de si existe realmente o es un mito griego. Todo un misterio.
 Y volviendo un poco a eso de laburar para juntar las migas del patrón, dice A: "Las cámaras se vendían en dólares, y cobrabas apenas el 1% de comisión del valor de la cámara. En la entrevista de laburo me habían dicho que iba a cobrar el 10%". Y otra vez mentiras, y otra vez las sobras.
 Para finalizar, A me habla del deterioro progresivo de su salud. "Yo dejé el call -hablando del rubro en general- por un pico de estrés. Diagnosticado, después de pasar por mil doctores, análisis, teorías, etc. Porque yo me desmayaba. En cualquier lado, a cualquier hora. Me hormigueaba la nuca y los diez segundos se me apagaba la luz". Compañerxs con licencia psiquiátrica y ataques de pánico, más de lo mismo, más del agujero negro de miseria existencial en el que nos hundimos en cuerpo y mente. "Mi familia se pegó alto cagazo. Igual yo. Al final, terminé en el médico clínico, donde empecé. Se le ocurrió preguntarme de qué laburaba, porque los análisis me daban todos bien, pero yo seguía igual de mal. Apenas le contesté, me preguntó hace cuánto hacía ese laburo. Cuando le contesté, me miró serio (mi médico clínico es un cago de risa, nunca deja de hacer chistes) y me dijo que deje de laburar de eso, porque me iba a terminar haciendo peor. Que lo que tenía era un pico de estrés, y para la edad que tenía, era grave lo avanzado que estaba. Dejé de laburar, dormía de 2 a 3hs por día, fumaba 30 cigarrillos por día. Parecía un viejo de 70 años, y no tenía ni 25", sentencia con desgano A, y nos deja bien en claro que el call center es esa picadora de carne de The Wall que nos obliga a cumplir para envejecer a pasos agigantados, a ser responsables y estar siempre predispuestxs, sólo para convertirnos en ese número de legajo reventado a palos, venido a menos, cada vez más dócil, más sumiso, más moldeable, más muertx. Así, terminamos el día con el espejo devolviéndonos una mirada de angustia, cervicalgia y desesperanza lapidaria.

La sonrisa telefónica, no se olviden. Siempre la sonrisa telefónica.

Comentarios

  1. Por más antipático que suene, me parece mal querer naturalizar los faltazos. El empleado se queja de que lo echan porque falta sin avisar? Insólito.

    Punto y aparte para la queja de las comisiones en un empleo en blanco. Es tanta la culpa del "empleado A" en firmar un contrato apócrifo como del empleador por abusar de la falta de educación de su empleado.

    Falta educación.

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    1. Antipático no. Desclasadx. Abrazo.

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    2. La falta de educación no sabe de clases ni de ideología.

      Cuando uno lee que a un trabajador le pasan por arriba por su falta de educación, no hay que ponerle el hombro y llorar y gritar con él, sino instruirlo. Que aproveche que el derecho laboral tiene un sesgo claro.

      El resto es falsa empatía.
      Abrazo

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    3. Sos un pedante asqueroso, así muy educadamente te lo digo, como laburante instruida de las que te gustan a vos. Manso garca carnero, me juego la vida. Falsa empatía es la que tienen los sindicatos que nos dejan solxs, no la solidaridad de clase. Payaso des-cla-sa-do.

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