¡Todxs a los botes!

 L está trabajando en una empresa de correo internacional. Nos cuenta: "Como te imaginarás todas las puteadas de las cosas que quedan retenidas en Aduana me las como yo aunque no tengo nada que ver. Una vez me llamó un médico por 4 vasos de vidrio que le quedaron retenidos en Ezeiza. Un chabón, repito, médico grande, explicándome a mi (19 años) que se habia leído todas las políticas aduaneras y decían que las cosas de vidrio no quedaban retenidas". Muchas veces lxs clientxs creen saber mejor que vos y con más precisión cada una de las políticas que uno se capacitó para manejar y sobre las cuales elx mismx consulta. "Entonces vení a trabajar vos por mí", es lo primero que pensamos la mayoría de las veces. Y, claro, también "vení a bancarte vos los malos tratos y el poco sueldo". Suele suceder también que por tener un título universitario suponen que son superiores cultural y humanamente que vos, pobre empleadx sin futuro. Sigue L: "Le respondí que la retención no tenía nada que ver con el tipo de producto, sino que él no había hecho un trámite en la AFIP anteriormente y por eso quedó retenido. Estuve en línea con el tipo cuarenta minutos, yo había empezado a atender hacia unas semanas". Si bien es cierto que repetimos hasta el hartazgo, y lo denunciamos, cómo las empresas son negligencia pura y dificultan cualquier tipo de respuesta oportuna, eficaz y rápida al abonadx, también es cierto que hay clientxs que no conciben ninguna otra solución más que las que se fijaron en la cabeza por algún motivo cósmico ajeno a todo, lo cual convierte un llamado que parecía sencillo en el peor de los infiernos. "La llamada finalizó con el señor diciendome “ojalá nos volvamos a cruzar en el futuro y te tengas que operar de urgencia, y yo no te pueda atender porque te falte el DNI”, remata en su anécdota nuestra protagonista. Claro que sí, esperaba este remate, ya que es algo muy típico en este tipo de llamados que quien llama se lo tome finalmente personal. Como un ataque a elx como ser humano y no como el resutado del nulo interés empresarial por su bienestar y conformidad. Entonces saca a relucir lo peor de su miseria humana, la cual necesita proyectar en los demás para alimentar su propio ego. "Mi supervisora me hizo desconectarme unos minutos después de esa llamada porque literalmente temblaba de la bronca que tenía", nos cuenta L dejando entrever la angustia detrás de la pantalla.
 Y recordemos que nos siguen deshumanizando como mujeres de igual modo. Dice L, para cerrar: "También tuve que poner todas mis redes sociales en privado desde que empecé a trabajar ahí porque mi mail del trabajo tiene mi nombre y mi apellido y los clientes me mandan mensajes preguntando por sus envíos o me mandan solicitudes de amistad por Facebook". No estamos tranquilas adentro ni afuera. Doblemente perseguidas por la desigualdad.
 Señor, señora, no sea indiferente...

Todas nuestras historias
ya son sufrientes,
se enturbian y quedan atrás, 

¡NOS QUIEREN PACIENTES!

Todos esos colosos
son tan golosos
que nos sentencian a flotar
en venenos siniestros.


¿Cómo lo puedo ayudar el día de hoy?

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