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Ayelén nos cuenta una mala experiencia de seis meses en un call. "La realidad es que era malísima, sabía que iba a estar poco tiempo, intenté dar lo mejor pero la salud no me dio". Recurrente el aguantar y soportar esto. "Al principio estaba ubicado en Núñez, después se mudaron a Florida Oeste. Cuando entré era todo lindo, nos prometían puestos fijos (es decir, no cambiarnos nunca de lugar). Eso jamás se cumplió. Las comisiones iban en negro, después las bancarizaron". Más allá del recurrente ítem de las condiciones de contrato jamás cumplidas, cosa que venimos repasando hasta el hartazgo en este blog, también cabe hablar en esta oportunidad sobre la supuesta "luz al final del túnel" en los call del rubro bancario. En esta oportunidad Banco Itaú, pero todos en general tienen esta costumbre, hace que elx operadorx tercerizadx padezca sus condiciones de flexibilización con la supuesta promesa del blanqueamiento en la empresa, o el pase a planta permanente dicho de otra forma. Muchas veces esto se reduce sencillamente a algún tipo de vínculo, en cuanto a pago de comisiones o beneficios, pero aún manteniendo la tercerización. La clásica megalomanía empresarial de las migajas para elx laburante.
Sigue Ayelén: "Bueno, mi supervisora era bastante cambiante, si ella estaba de buen humor todo genial, sino empezaba a grita. A mí una vez me pegó un grito desde una punta del lugar a la otra, delante de todos, por un error que había cometido ella". Reafirmando ese dicho humorístico -y no tanto- que dice que "el que sabe sabe y el que no, es jefe". Bastante generalizada en la realidad, por cierto. "Después también me dijo: 'vos siempre parece que nunca entendés nada'". Es bastante común que nos encontremos con supervisorxs que asumen que tenemos que saber todo sobre nuestro puesto, sin importar la antiguedad que tengamos en la empresa o el nivel de capacitación que nos hayan brindado. "Ya lo tenés que saber a eso", por ejemplo, lo escuchamos todos los días. Sin embargo, unx supone que es deber del cargo superior el evacuarle a su subordinadx las dudas para poder "brindar una mayor calidad de servicio", como tanto les gusta decir.
"Me gritaban los clientes, porque me obligaban a llamarlos 500 veces aunque no querían saber más nada". Bases de datos desactualizadas, moneda corriente. Y lo que sigue es solo un retrato de la presión y la explotación constante, quemadora de bocho y de salud, inhumnana y desgastante al mil por ciento que atravesamos en los call center.:
"Me decían que a los viejos había que meterles ficha porque agarraban fácil -después hablan de "responsabilidad empresarial", se me ríen los cantos-. Mi supervisora escuchaba mis llamados y por el chat me iba gritando "CERRALA DALE, CERRALA". Tuve que comer parada, porque organizaron mal los turnos de almuerzos. Me contaban los minutos en el baño. Pedir los días de estudio eran un dolor de huevos. Los de Back Office tenían fiesta de fin de año aparte, con un catering y demás. A nosotros, "los negritos del call", nos hacían fiestas de fin de año mediocres. Hasta las cajas de Navidad eran distintas para los de Back Office. Ellos se la pasaban boludeando, llegando tarde, a nosotros medio minuto tarde y ya nos hacian firmar un apercibimiento". Las sanciones por faltas y llegadas tarde son recurrentes. Sin embargo, cuando nos quedamos después de hora atendiendo un llamado, o a la hora de pagarnos dos mangos las horas extra, no se tiene en cuenta el esfuerzo en absoluto. Ajo y agua es la política. También muy común, una estrategia generalizada que ya hemos vistos en otros testimonios, laburar el afán por dividir a lxs trabajadorxs dentro de la empresa. Por desviarles la vista del enemigo.Y oprimirlxs más cómodamente.
Volviendo al tema de la salud que nos mencionaba Aye al principio: "Una chica por el aire acondicionado tan fuerte se enfermó de neumonía, yo tuve otitis (que JAMÁS en mi vida tuve), tenía que trabajar con el auricular de ese costado corrido y encima me retaban si me veian apoyando el antibiótico en la mesa. Cuando faltaba (siempre justificado) recibía mensajes por WhatsApp de mi supervisora: "Ayelén, ya hablamos que no podías faltar más. Ya fuiste al médico? Y a las 2 de la tarde vas a ir recién?". Empecé a tener ataques de ansiedad antes de salir a la linea, todos los días". No lo tienen en cuenta, ni un poco, al recalcitrante efecto mental que padecemos.
"Nos pusieron a vender Club La Nación -otra campaña del call-, de una manera muy turbia (20 pesos por cada tarjeta vendida) y era obligación vender cierto tope por semana. Mi team leader y supervisora me decian que yo no me esforzaba y que "no quiero ganar más dinero/acaso no sos ambiciosa?/el estímulo es el sueldo a fin de mes" como diciendo: tendrías que agradecer de estar acá". Es muy común en el discurso delx negrerx el "te estoy dando trabajo", la idea de que como el mercado laboral está en crisis, o no tanto pero al caso no importa, unx tiene que ser una persona agradecida con lo que tiene, aunque tenga caca diaria arriba del box.
Volvemos a las condiciones."Muchos de los chicos eran de otros países, no saben de legislacion laboral, o no les quedaba otra por ser muy grandes o no tener estudio". La mano de obra extranjera es siepre más barata en todo término. Ojalá tengamos la oportunidad de leer extranjeros denunciando patrones xenófobos. Debe ser visibilizada esta realidad que es más normal de lo que se piensa.
"Otra cosa es que eran re machistas, los tipos vivian haciendo comentarios de mis tetas y se pasaban videos de minas entre ellos". Cada lugar de trabajo tiene una historia de acoso para contar. Doblemente explotadas, dijimos y evidenciamos en otros testimonios. Como laburantes y como mujeres.
Sigue Ayelén: "Un día a me sacaron de Itau y me pusieron en atención al cliente y reactivación de tarjetas, a sueldo básico. Ese día me llamaron a la sala de reuniones para preguntarme por qué había faltado (porque me desmayé y no podía salir de la cama). El cuerpo me estaba pasando factura. Me dijeron que si en una semana no atendía N cantidad de personas por día y lograba reactivarlas en la tarjeta, volvía a las tarjetas con comisión". Dentro de la misma explotación, tenés que hacer un trabajo exquisito, excelente, superlativo, con tal de ganar el mísero beneficio de no ser aún más explotadx. Beneficio. En esos términos lo miden. Premio y castigo. "Bueno, esa semana mi ex supervisora, me pide por chat que empiece a vender Club La Nación (lo cual no correspondia en ese sector) -el famoso trabajar el doble cobrando lo mismo que hemos repasado hasta el hartazo-. Lo hago, intentando levantar cabeza, porque yo me pago la facultad sola. Al final del día, me echan. Y me pagaron como tres semanas después la indemnización". No les bastó con sobrecargar de tareas a nuestra protagonista, obligarla a ser eficiente a cualquier precio sin involucrarse ni un ápice en el proceso que debe atravesar para llegar a eso. Además de todo el calvario, incumplen la Ley de Contrato de Trabajo y pagan la indemnización cuando quieren. "Al menos la pagamos", te respondería un patrón con la cara de piedra y el descaro a viva voz. Todos la misma mierda. Todos.
Para ir cerrando con el crudo testominio de Aye, nos dice: "Hace más de un año que no puedo salir de casa porque tengo ataques de pánico, ansiedad, agorafobia... Les iba a hacer juicio pero no tenía la fuerza para ello. Me quedé con la indemniazación, los amigos que hice ahí, y nada más. Es espantoso, y lo peor es que ellos nos consideran carne para picar porque nos ven jovenes, sin formación, sin un apoyo social detrás, gente sin privilegios. Yasi entras medio que "sos eso, porque sino te irías a otro lugar". Este discurso se repite hoy en nuestra sociedad meritocrática con discurso de noticiero: sos lo que vos te proponés. Caso contrario, no te estás proponiendo lo suficiente. Y qué va a ser si en el call te cuentan los minutios para respirar, estás ahí porque es lo que podés conseguir. VOS podés. El resto del mundo, el sistema capitalista, tus jefes, el compañero que te acosa, los de RRHH, Feinmann que dice que somos vagxs y los Raúles que lo repiten, las políticas económicas de tu país, la represión de la protesta social y la organización de trabajadorxs en todo el país, todo eso es nada comparado con tu buena voluntad y tu deseo de progreso. Serás lo que te propongas, y si fracasás va a ser tu culpa. Solo tu culpa.
Salí del tupper, amigx. Te están cagando.
Algún día será esta vida hermosa, por eso me someto a la voluntad de la clase trabajadora, que es la mía. La tierra será el paraíso.
Un segundo más en línea, por favor.
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